Corazón cerrado

Esta mano llagada, sola,

pide tu mano.

Hundida en nieve vieja

me duele hasta el ocaso,

no tanto por la llaga

sino por dolerse sola.

Mala agonía tiene,

el hombre solo más que solo,

que no hay dolor más grande

que aquella alegría que no se comparte.

Dolor impotente, dolor austero,

a quien nadie sus gritos oye.

¡Ay, mi dolor llagado que pide tu mano!

¡Ay, cuánto ocaso en este dolor ajado!.

30.12.1983

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