Vivir al día

Que no debe confundirse con una loa al carpe diem. Vivir el presente representa una decisión consciente, convenir un trato con la vida, en la que renunciamos a las gracias del futuro a cambio de embriagarnos con el néctar del momento presente.
Vivir al día, en cambio, consiste en cerrar los ojos al futuro, más que en aprovechar el presente. Surge desde el miedo a lo desconocido. El porvenir escapa a nuestro control y nos sentimos abatidos antes siquiera de enfrentarnos a él. Lo intuimos demasiado inquisitivo. En vez de tratar de desentrañar su mensaje, preferimos olvidarnos de que existe. Si tiene que llegar, ya llegará, pero hasta entonces librémonos de la atosigante carga de responsabilidades. ¿Por qué anticiparlo?¿Por qué fiarlo todo a su ventura, si vemos a cuantos se les ha negado vivirlo?.
El Estado proveerá, la red de solidaridad voluntaria o impuesta por los otros responderá de nosotros. Así lo esperamos y así también nos han enseñado a pensar que lo que la mayoría sueña, la minoría otorga. Vivir el presente es aprovechar los dones, aunque sean prestados o se haga de manera egoísta. Se extiende hasta la negación de la solidaridad intergeneracional, suicidando la vocación de sostenibilidad de cualquier proyecto perdurable, hiriendo de muerte a la compasión y forzando a una actuación cruel del destino, cuando llegue el momento, ante nuestra ceguera consciente.
Sustituimos el porvenir por el devenir. Aparenta como la vuelta a un estado natural, pero tiene consecuencias. Vivir sin planificación y lo que es peor sin proyecto personal, nos impide cultivar cualquier virtud y nos aboca a relucir lo peor de nosotros. Renunciamos a mantener las riendas de nuestro destino y, en la claudicación, nos dejamos llevar. Presa fácil para los gobernantes, que ejercerán su poder tiránico sobre una masa amorfa y sin identidad. Terminamos perdiendo nuestra libertad por haber reivindicado ejercerla ya hoy. Vendemos nuestro proyecto vital profundo en favor de un discurrir ancho y terminamos deambulando agitados confrontados con las respuestas de las preguntas que no nos quisimos hacer un día, allá antes.

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