De la Sabiduría Egoísta – Francis Bacon

 De la venganza

  • La venganza es una especie de justicia salvaje que cuanto más crece en la naturaleza humana más debiera extirparla la ley.
  • Al tomar venganza, un hombre se iguala con su enemigo, pero si la sobrepasa es superior, pues es parte del príncipe perdonar.
  • Un hombre que proyecte vengarse , conserva abierta sus propias heridas porque si no se cerrarían y curarían.

De los padres y los hijos

  • El cuidado por la posteridad es mayor en aquellos que no la tienen.
  • La tacañería de los padres con respecto a sus hijos es un error dañoso.Es mejor método cuando los padres conservan la autoridad sobre sus hijos, pero no la bolsa.
  • Elige lo mejor; la costumbre lo hará suave y fácil.

Del matrimonio y la soltería

  • El que tiene esposa e hijos ha dado rehenes a la fortuna; pues son impedimentos para las grandes empresas, tanto virtuosas como malignas.
  • La causa más corriente de la soltería es la libertad, especialmente para ciertas mentalidades placenteras y singulares que son tan sensibles a todas las restricciones, que estarán muy próximas a creer que el cinturón y las ligas se les convertirán en ataduras y grilletes.
  • La soltería es adecuada para los eclesiásticos porque la caridad difícilmente regará el suelo cuando tiene que llenar primero el estanque.
  • Las esposas son amantes para los jóvenes, compañeras para los maduros y enfermeras para los ancianos, así es que un hombre puede tener pretexto para casarse cuando quiera.

De la envidia

  • Un hombre que no tiene virtudes jamás envidia la virtud de otros.
  • La envidia es un a pasión ociosa que pasea por las calles y no le gusta estar en casa.
  • El que no puede enmendar su propio caso, hará lo que pueda para estropear el de los otros.
  • Los que desean sobresalir en muchos asuntos, aparte del a frivolidad y la vanagloria,son siempre envidiosos.
  • Los parientes y los compañeros de oficio y aquellos que se han criado juntos, son más apropiados para envidiar a sus iguales cuando éstos se elevan; porque esto les vitupera su propia suerte.
  • La envidia siempre va unida a la comparación que el hombre hace consigo mismo, y donde no hay comparación, no hay envidia.
  • Los que avanzan gradualmente son menos envidiados que quienes avanzan súbitamente.
  • La piedad siempre cura la envidia.
  • Los que juntan a sus honores grandes cuidados laboriosos, o peligros, están menos sujetos a la envidia. (…)Pero esto debe entenderse en negocios que pesan sobre los hombres, no los que ellos se buscan; pues nada acrecienta más la envidia que el aumento innecesario y ambicioso de los negocios.

Del amor

  • Es imposible amar y ser juicioso.
  • El amor es siempre recompensado.
  • Esa pasión tiene su afluencia en los verdaderos momentos de debilidad que son los de gran prosperidad y gran adversidad.

De los grandes puestos

  • Los hombres situados en grandes puestos son sirvientes triples: sirvientes del soberano o del Estado, sirvientes de la fama y sirvientes de los asuntos; de ese modo, no disponen libremente ni de su persona, ni de sus acciones ni de su tiempo. Es un extraño deseo buscar el poder y perder la libertad; o buscar poder sobre los demás y perderlo sobre sí mismo. elevarse a los puestos es trabajoso y esos hombres llegan con penalidades a penalidades mayores; a veces son viles y, mediante indignidades, alcanzan las dignidades. (…) Aún más, lo que se retiran no pueden hacerlo cuando quieren ni podrán cuando sea razonable.
  • Las personas importantes necesitan pedir prestada la opinión de otros hombres para creerse felices; pues si juzgan por sus propios sentimientos, no logran conseguirlo. (…) pues ellos son los primeros en encontrar sus penas aunque son los últimos en hallar sus faltas. La verdad es que los hombres de fortuna son extraños para sí mismos y mientras están en el embrollo de los asuntos no tienen tiempo de velar por su salud tanto corporal como mental.
  • El mérito y las buenas obras son la finalidad de la actividad del hombre, y el tener conciencia de ello es alcanzar descanso.
  • Trata de dar regularidad a tu actuación, que los hombres puedan saber de antemano qué pueden esperar.
  • Preserva el derecho de tu puesto, pero no promuevas cuestiones de jurisdicción.
  • Es más honroso dirigir lo principal que ocuparse de todo.
  • Los vicios de la autoridad son principalmente cuatro: tardanza, corrupción, rudeza y accesibilidad.
  • El puesto nos muestra al hombre; y nos muestra algo de lo mejor y algo de lo peor.

De la bondad y bondad de la naturaleza

  • Bondad llamo yo al hábito y bondad de la naturaleza, a la inclinación.
  • La bondad responde a la virtud teologal de la caridad y no admite exceso, sino error.
  • Buscad el bien de los demás hombres, pero no os  esclavicéis a sus apariencias o ficciones.

De los viajes

  • Los viajes, en la época de juventud, son parte de la educación; en la vejez, parte de la experiencia.
  • Es extraño que en los viajes marítimos, donde no hay nada que ver sino cielo y mar, los hombres escriban diarios; pero en los viajes por tierra, donde hay tanto que observar, la mayoría no los escriben, como si la ocasión fuese más apropiada para vivirla que para observarla.

Del imperio

  • Es una desdichada situación mental tener pocas cosas que desear y muchas que temer.
  • El espíritu del hombre se alegra y renueva más aprovechándose de cosas pequeñas que deteniéndose en las grandes.
  • Quien está acostumbrado a avanzar y encuentra una detención, cae en la desconfianza de sí mismo y ya no es lo que fue.
  • Nada destruye tanto la autoridad como el cambio desigual y a destiempo del poder, apretar demasiado y aflojar mucho.
  • Es común entre los príncipes desear las contradicciones, porque el solecismo del poder es creer que se puede dominar el fin y, sin embargo, no reafirmar los medios.
  • Respecto a los nobles, no es equivocado mantenerlos a distancia; pero rebajarlos puede dar más absolutismo al rey, aunque menos seguridad y menor posibilidad de realizar cualquier cosa que desee.

De la astucia

  • Se puede barajar las cartas y no saber jugar bien. (…) Además, una cosa es entender a las personas y otra entender los asuntos.
  • Es punto de astucia vigilar con la vista a aquél con quien se habla.
  • Es extraño cuánto tiempo pueden estar mintiendo algunas personas en espera de poder decir lo que quieren.

De la sabiduría egoísta

  • Los hombres que se aman a sí mismo demasiado arruinan la cosa pública.
  • Es propio de los que se aman a sí mismos demasiado ser capaces de prenderle fuego a una casa sólo para asar unos huevos; y, sin embargo, esos hombres, muchas veces, tienen crédito ante sus amos porque su habilidad es complacerles y sacar provecho para sí; y en su beneficio abandonarán el bien de los asuntos.
  • La sabiduría egoísta es en muchas de sus ramas una cosa depravada. Es la sabiduría de las ratas, que estarán seguras de abandonar una casa antes de que se hunda; es la sabiduría de la zorra, que expulsa al tejón que ha cavado su cueva y ella es la que se aloja; es la sabiduría de los cocodrilos, que derraman lágrimas cuando van a devorar.
  • Los amantes de sí mismos son muchas veces desgraciados (…) sacrificados a ls inconstancia de la fortuna, cuyas alas creen, con su sabiduría egoísta, haber atado.

De las innovaciones

  • Al nacer, las criaturas están mal formadas, así sucede con todas las innovaciones, que son los nacimientos del tiempo.
  • El primer precedente (si es bueno) rara vez es alcanzado por imitación.
  • Seguramente, cada medicina es una innovación y el que no quiera aplicar remedios nuevos tenga que esperar nuevos males, pues el tiempo es el gran innovador.
  • Una obstinada retención de costumbres es tan turbulenta como una innovación; y quienes reverencian demasiado los tiempos antiguos no son más que el desdén del presente.

De los gastos

  • Las riquezas son para gastarlas y los gastos para el honor y las buenas acciones.
  • Si un hombre quiere mantener equilibrio, sus gastos ordinarios deben ser la mitad de sus ingresos; y si quiere llegar a rico, la tercera parte.
  • El que gasta mucho en todo a duras penas se preservará de la decadencia.
  • Quien tiene que fortalecer sus bienes no debe despreciar las pequeñeces; y, por lo general, es menos deshonroso disminuir pequeñas cargas que doblegarse ante pequeños ingresos. El hombre debe ser cauto en iniciar cargas que, una vez empezadas, han de continuar; pero en cosas que no se han de repetir puede ser más espléndido.

Del régimen de salud

  • La propia observación de cada cual, lo que encuentra bien y lo que encuentra mal, es la mejor medicina para preservar la salud; pero es más seguro decir: “Esto no me conviene, por tanto no seguiré con ello”, que esto otro, “no encuentro daño en esto, por tanto puedo usarlo”; porque la fortaleza natural en la juventud resiste muchos excesos cuyos efectos no se notan hasta edad avanzada.
  • Estar despreocupado y de buen humor a las horas de las comidas, del sueño y del ejercicio es uno de los mejores preceptos para larga vida.
  • No olvides de trabar profundo conocimiento con tu propio cuerpo, pues eres el más indicado para ello.

De la sospecha

  • Las sospechas entre los pensamientos son como los murciélagos entre los pájaros, siempre vuelan en el crepúsculo.
  • Son defectos, no del corazón, sino del cerebro.
  • Nada hace sospechar más a una persona que el saber poco.
  • El mejor medio de abrirse camino en ese bosque de sospechas es comunicarlas francamente a las personas de quienes se sospecha.

Del discurso

  • Algunos desean en su discurso más el elogio de su ingenio, al poder sostener cualquier argumento, que juicio en discernir lo que es verdad.
  • La discreción en el hablar vale más que la elocuencia.
  • Utilizar demasiada prolijidad, antes de entrar en materia, es enojoso; no utilizar ninguna, es grosería.

De las riquezas

  • No hay verdadero uso de las grandes riquezas salvo en su distribución.
  • Las grandes riquezas han vendido a más hombres que los han comprado.
  • Los que se apoyan en ganancias seguras, difícilmente alcanzarán grandes riquezas; y los que ponen todo en la ventura, con frecuencia quiebran y llegan a la pobreza.
  • No seáis tacaños; las riquezas tienen alas y algunas veces se echan a volar por su cuenta, y otras, hay que hacerlas volar para que se acrecienten.
  • No difieras la caridad hasta la muerte, pues, en verdad, si se sopesa correctamente, el que lo haga así es más liberal con lo de otro que con lo suyo.

De la ambición

  • La ambición es como la bilis, un humor que hace a los hombres ser activos, enérgicos, plenos de vivacidad y emotividad si no se la contiene; pero si se la contiene y no puede seguir su curso, se vuelve agresiva y por tanto maligna y venenosa.
  • De las ambiciones, es menos dañina la ambición de prevalecer en grandes cosas que la otra de figurar en todas las cosas.
  • El que busca ser eminente entre hombres capaces, tiene gran tarea pero que redunda siempre en el bien público; pero el que trama para ser la única figura importante entre nulidades es la decadencia de toda una época.
  • Los príncipes y los Estados deben escoger ministros que tengan más sentido del deber que de su propia elevación y que sientan más inclinación a los negocios públicos que a la ostentación; y que distingan entre un hombre activo y otro complaciente.

De la belleza

  • La virtud es como una piedra preciosa, mejor cuanto más sencilla sea la montura.
  • No hay belleza, por excelente que sea, que no tenga alguna singularidad en la proporción.

De la deformidad

  • Verdad es que hay cierta armonía entre el cuerpo y el espíritu; y cuando la naturaleza se equivoca en uno se arriesga en el otro.
  • Todas las personas deformes son extremadamente osadas; (…) por esta razón resulta gracioso que la deformidad es una ventaja para el encumbramiento.

De la edificación y de los jardines

  • Las casas se edifican para vivir en ellas y no para verlas; por tanto, debe darse preferencia al uso antes que a la uniformidad.
  • Dios plantó primero un jardín; y, por supuesto, es el más puro placer humano; es el mayor placer para el espíritu del hombre.

De la negociación

  • Generalmente, es mejor tratar las cosas de palabra que por carta; y por mediación de un tercero que por uno mismo.
  • Es mejor tantear de antemano la persona con la que se trata, que ir al grano de primera intención.
  • Es mejor tratar con hombres con aspiraciones que con aquellos que están ya donde debieran.
  • Toda la labor consiste en descubrir y manejar a la persona. Los hombres se descubren a sí mismos en la confianza, en la pasión, en los descuidos; y, necesariamente, cuando han hecho algo y no encuentran pretexto adecuado.

De los litigantes

  • Muchos se encargan de litigios de los que nunca se ocuparán eficazmente.
  • El secreto en los pleitos es un gran medio para ganarlos.

De los estudios

  • Los estudios sirven de deleite, de ornamento y de capacitación.
  • Los hombres de experiencia pueden realizar y quizá juzgar las particularidades una por una; pero los consejos generales y el planeamiento y dirección de los negocios son mejores cuando proceden de hombres cultos.
  • Gastar demasiado tiempo en los estudios es pereza.
  • Los estudios perfeccionan la naturaleza y son perfeccionados por la experiencia.
  • Los estudios no enseñan su propia utilización sino que eso se consigue con la observación.
  • Algunos libros son para probarlos, otros para devorarlos y unos pocos para masticarlos y digerirlos.
  • La lectura completa al hombre; la conversación le prepara; y la escritura le da exactitud, por tanto, si un hombre escribe poco, necesita tener mucha memoria; si conversa poco tiene que tener un ingenio momentáneo; y si lee poco tiene que tener mucha astucia para aparentar que no la tiene.

De la vanagloria

  • Fue graciosa invención de Esopo lo de la mosca, posada en el eje de las ruedas de una carroza, que exclama: ¡Cuánto polvo levanto!.
  • Los que son jactanciosos tienen que ser pendencieros; porque toda bravuconería se asienta en las comparaciones.
  • Sucede con frecuencia que algo se produce de la nada; porque las mentiras son suficientes para mantener la opinión y las opiniones conducen a las realidades.
  • En los casos de grandes empresas costosas y arriesgadas, un conjunto de espíritus jactanciosos dará vid a los trabajos; y los que son de naturaleza sólida y sobria más sirven de lastre que de vela.
  • En la fama de sabiduría, el vuelo será lento sin algunas plumas de ostentación.
  • La vanagloria ayuda a perpetuar la memoria de un hombre (…) como ocurre con el barniz que no sólo hace que brillen los techos sino que duren.
  • Ser generoso en alabar y elogiar a otro en lo que precisamente, quien lo hace, tiene alguna perfección, es la mejor de las artes de ostentación.
  • Los jactanciosos son menosprecio de los inteligentes, admiración de los tontos, ídolos de los parásitos, y esclavos de sus propios alardes.

De la ira

  • Los hombres no deben convertirse en abejas, que ponen la vida en el aguijón.
  • El desprecio es lo que pone a punto de estallar la ira, tanto o más que la ofensa en sí.
  • El mejor remedio es ganar tiempo.
  • Las personas revelan en la ira sus secretos.
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