La conquista de la felicidad – Bertrand Russell

Primera parte – Causas de la infelicidad

  1. Las causas de los distintos tipos de infelicidad se encuentran en parte en el sistema social y en parte en la psicología individual (que, por supuesto, es en gran medida consecuencia del sistema social).
  2. Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos. Todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es un preventivo completo del “ennui”. En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo. (…) La disciplina externa es el único camino a la felicidad para aquellos desdichados cuya absorción en sí mismos es tan profunda que no se puede curar de ningún otro modo.
  3. Hay varias clases de absorción en uno mismo. Tres de las más comunes son la del pecador, la del narcisista y la del megalómano. Por pecador me refiero al hombre que tiene una imagen de sí mismo como él cree que debería ser, que está en constante conflicto con su conocimiento de cómo es.(…) El único placer que desea con toda su alma es que su madre le dé su aprobación.(…) Para estas víctimas de la “virtud” maternal, el primer paso hacia la felicidad consiste en liberarse de la tiranía de las creencias y amores de la infancia. El narcisismo es, en cierto modo, lo contrario del sentimiento habitual de culpa; consiste en el hábito de admirarse uno mismo y desear ser admirado. (:::) Cuando la vanidad se lleva al límite, no se siente auténtico interés por ninguna otra persona y, por tanto, el amor no puede ofrecer ninguna satisfacción verdadera. Otros intereses fracasan de manera aún más desastrosa. Todo éxito verdadero en el trabajo depende del interés auténtico por el material relacionado con el trabajo. La tragedia de muchos políticos de éxito es que el narcisismo va sustituyendo poco a poco al interés por la comunidad y las medidas que defendía. (…) El hombre cuyo único interés en el mundo es que el mundo le admire tiene pocas posibilidades de alcanzar su objetivo.(…) La vanidad, cuando sobrepasa cierto punto, mata el placer que ofrece toda actividad por sí misma, y conduce inevitablemente a la indiferencia y el hastío. A menudo, la causa es la timidez, y la cura es el desarrollo de la propia dignidad. El megolómano se diferencia del narcisista en que desea ser poderoso antes que encantador, y prefiere ser temido a ser amado. (…) No existe ninguna satisfacción definitiva en el cultivo de un único elemento de la naturaleza humana a expensas de todos los demás, ni en considerar el mundo entero como pura materia prima para la magnificiencia del propio ego. Por lo general, el magalómano es el resultado de alguna humillación excesiva.(…) Dado que ningún hombre puede ser omnipotente, una vida enteramente dominada por el ansia de poder tiene que toparse tarde o temprano con obstáculos imposibles de superar..(…) El poder como único objetivo en la vida conduce al desastre, interior si no exterior.
  4. Las causas psicológicas de la infelicidad son muchas y variadas. Pero todas tienen algo en común. La típica persona infeliz es aquella que, habiéndose visto privada de joven de alguna satisfacción normal, ha llegado a valorar este único tipo de satisfacción más que cualquier otro, y por tanto ha encauzado su vida en una única dirección, dando excesiva importancia a los logros y ninguna a las actividades relacionadas con ellos.
  5. Un hombre puede sentirse tan completamente frustrado que no buscaningún tipo de satisfacción, sólo distracción y olvido. Se convierte entonces en un devoto del “placer”.. Es decir, pretende hacer soportable la vida volviéndose menos vivo. (…) El hombre que busca la intoxicación, en la forma que sea, ha renunciado a toda esperanza, exceptuando la del olvido.
  6. Las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello.
  7. No creo que el hecho de ser infeliz indique ninguna superioridad mental. (…) La razón no representa ningún obstáculo a la felicidad; es más, estoy convencido de que los que, con toda sinceridad, atribuyen sus penas a su visión del universo están poniendo el carro delante de los caballos.
  8. Muchas veces he experimentado ese estado de ánimo en que sientes que todo es vanidad. El origen de ese sentimiento es la demasiada facilidad para satisfacer las necesidades naturales. El animal humano, igual que los demás, está adaptado a cierto grado de lucha por la vida, y cuando su gran riqueza permite a un Homo sapiens satisfacer sin esfuerzo todos sus caprichos, la mera ausencia de esfuerzo le quita a su vida un ingrediente imprescindible de la felicidad. El hombre que adquiere con facilidad cosas por las que solo siente un deseo moderado llega a la conclusión de que la satisfacción de los deseos no da la felicidad. (.,.) Se olvida de que una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean.
  9. El hábito de mirar el futuro y pensar que todo el sentido del presente está en lo que vendrá después es un hábito pernicioso. El conjunto no puede tener valor a menos que tengan valor las partes. La vida no se debe concebir como analogía de un melodrama en que el héroe y la heroína sufren increíbles desgracias que se compensan con un final feliz.
  10. El amor hay que valorarlo en primer lugar -y este, aunque es su mayor valor, es imprescindible para todos los demás, como fuente de placer en sí mismo. Y su ausencia es además una fuente de dolor. En segundo lugar, el amor hay que valorarlo porque acentúa todos los mejores placeres. Un hombre que nunca haya disfrutado de las cosas bellas en compañía de una mujer a la que ama, no ha experimentado plenamente el poder mégico del que son capaces dichas cosas. Además, el amor es capaz de romper la dura concha del ego, ya que es una forma de cooperación biológica en la que se necesitan las emociones de cada uno para cumplir los objetivos instintivos del otro.
  11. El hombre depende de la cooperación y el amor es la primera y la más común de las formas de emoción que facilitan la cooperación.
  12. Si le pregunta a un hombre contemporáneo qué es lo que más le impide disfrutar de la existencia, contestará “la lucha por la vida”. Se trata de una frase inexacta que ha adoptado para dar dignidad a algo básicamente trivial. En realidad, quiere decir lucha por el éxito. Lo que la gente teme cuando se enzarza en la lucha no es no poderr conseguirse un desayuno a la mañana siguiente, sino no lograr eclipsar a sus vecinos. Es muy curioso que tan pocas personas parezcan darse cuenta de que no están atrapadas en las garras de un mecanismo del que no hay escapatoria, sino que se trata de una noria en la que permanecen simplemente porque no se han percatado de que no les va a llevar a un nivel superior. Personas que ya disponen de buenos ingresos y que, si quisieran, podrían vivir con lo que tienen. Hacer eso les parecería vergonzoso, como desertar del ejército a la vista del enemigo, pero si les preguntas a qué causa pública están siriviendo con su trabajo no sabrán qué responder, excepto repitiendo todas las perogrulladas típicas de los anuncios sobre la dureza de la vida. (…) Mientras no sólo desee el éxito, sino que esté sinceramente convencido de que el deber de un hombre es perseguir el éxito y que el hombre que no lo hace es un pobre diablo, su vida estará demasiado concentrada y tendrá demasiada ansiedad para ser feliz.
  13. Por mi parte, lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad. Pero lo que quiere obtener el típico hombre moderno es más dinero, con vistas a la ostentación, el esplendor y el eclipsamiento de los que hasta ahora han sido sus iguales. (…) además, a los cerebros se les mide por el dinero que ganan. Un hombre que gana mucho dinero es un tipo inteligente; el que no lo gana, no lo es.
  14. La raíz del problema está en la excesiva importancia que se da al éxito competitivo como principal fuente de felicidad. No niego que la sensación de éxito hace más fácil disfrutar de la vida. (…) Tampoco niego que el dinero, hasta cierto punto, es muy capaz de aumentar la felicidad; pero más allá de ese punto, no creo que lo haga. Lo que sostengo es que el éxito únicamente puede ser un ingrediente de la felicidad, y saldrá muy caro si para obtenerlo se sacrifican todos los demás ingredientes.
  15. Lo que se respeta no es el mero éxito, sino la excelencia, del tipo que sea, a la que se ha debido el éxito.
  16. Los jóvenes actuales están convencidos que el éxito financiero es lo único que importa y no quieren que se les moleste con formas de educación desprovistas de valor pecuniario. En otro tiempo, la educación estaba concebida en gran parte como una formación de la capacidad de disfrute. (…) El hombre rico de nuestros tiempos … nunca lee. (…) El resultado de todo esto es que no sabe qué hacer con su tiempo libre. El pobre hombre se queda sin nada que hacer como consecuencia de su éxito. Esto es lo que ocurre inevitablemente cuando el éxito es el único objetivo de la vida. A menos que se le haya enseñado qué hacer con el éxito después de conseguirlo, el logro dejará inevitablemente al hombre presa del aburrimiento.
  17. Nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo de aburrirnos.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s