Máximas – La Rochefoucauld

– Nuestras virtudes no son, a menudo, sino vicios disfrazados.

– El amor propio es el mayor de todos los aduladores.

– Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. El hombre más simple dotado de pasión persuade mejor que el más elocuente que no la tenga.

– Engendran con frecuencia las pasiones a sus contrarias. La avaricia produce a veces prodigalidad, y la prodigalidad avaricia; a menudo se es firme por debilidad y audaz por timidez.

– Esa clemencia que se tiene por virtud se practica ora por vanidad, ora por pereza, muchas veces por miedo y casi siempre por las tres cosas juntas.

– La moderación de las personas felices proviene de la calma que la buena fortuna otorga a su humor.

– Es la moderación un temor a incurrir en la envidia y el desprecioque merecen los que se embriagan con su felicidad; es una vana ostentación de la fuerza de nuestro ánimo,y, por último, la moderación de los hombres que han llegado a lo más alto es un deseo de parecer mayores que su fortuna.

– Todos tenemos suficientes fuerzas para soportar los males ajenos.

– La filosofía triunfa con facilidad sobre los males pasados y los males venideros. Pero los males presentes triunfan sobre ella.

– Salvo por su gran vanidad, los héroes son de la misma madera que los otros hombres.

– El mal que hacemos no nos acarrea tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.

– Poseemos más fuerza que voluntad, y a menudo imaginamos que las cosas son imposibles para excusarnos con nosotros mismos.

– Si no tuviéramos defectos no nos complacería tanto destacarlos en los otros.

Prometemos conforme a nuestras esperanzas, y cumplimos conforme a nuestros temores.

– Quienes se aplican en demasía a las menudencias se vuelven de ordinario incapaces de grandes cosas.

– El hombre cree con frecuencia guiarse, cuando es guiado, y mientras que su espíritu tiende a una meta, su corazón lo arrastra insensiblemente a otra.

– La felicidad está en el gusto y no en las cosas; y somos dichosos por tener lo que amamos, no por tener lo que los otros hallan amable.

– Nunca somos tan dichosos ni tan desdichados como imaginamos.

– Por mucha diferencia que parezca existir entre las fortunas, hay sin embargo cierta compensación de bienes y males que las iguala.

– Por muchas ventajas que la naturaleza otorgue, no es ella sola, sino con ella la fortuna la que forja los héroes.

– El odio a los favoritos no es otra cosa que amor al favor. El despecho de no poseerlo se consuela y mitiga con el desprecio que se manifiesta a quienes lo poseen.

– Para situarse en el mundo se hace todo lo posible por parecer situado.

– La felicidad o infelicidad de los hombres depende no menos de su humor que de la fortuna.

– No hace tanto bien en el mundo la verdad como daño hacen sus apariencias.

– Un hombre hábil debe regular el rango de sus intereses y guiar a cada uno por su orden. Nuestra avidez lo turba a menudo heciéndonos correr hacia tantas cosas a la vez que, por desear en demasía las menos importantes, no alcanzamos las más considerables.

– La gracia es al cuerpo lo que el buen sentido es al espíritu.

– No existe disfraz que pueda esconder mucho tiempo el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.

– El amor, como el fuego, no puede subsistir sin un movimiento continuo y cesa de vivir en cuanto cesa de esperar o de temer.

– El amor a la justicia no es en la mayoría de los hombres sino temor a sufrir una injusticia.

– Nada podemos amar si no es con referencia a nosotros mismos, y no hacemos más que seguir nuestroplacer cuando preferimos nuestros amigos a nosotros; sin embargo, sólo por esta preferencia puede ser verdadera y perfecta la amistad.

– Más vergonzoso es desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.

– Nuestra desconfianza justifica el engaño ajeno.

– Todos se quejan de su memoria y nadie de su juicio.

– En el comercio de la vida agradamos con más frecuencia por nuestros defectos que por nuestras buenas cualidades.

– Gustan los viejos de dar buenos consejos para consolarse de no estar en condiciones de dar malos ejemplos.

– Hay ingratos menos culpables de su ingratitud que quien les ha hecho el bien.

– Cada cual habla bien de su corazón y nadie se atreve a hablar bien de su inteligencia.

– No todos los que conocen su ingenio conocen su corazón.

– Los hombres y los negocios tienen su punto de perspectiva. Los hay que han de verse desde muy cerca para juzgarlos bien, y otros que jamás se juzgan bien hasta haberse alejado de ellos.

– Para saber bien las cosas, es preciso saber los detalles; y como éstos son casi infinitos, nuestros conocimientos son siempre superficiales e imperfectos.

– Los defectos del ingenio, como los del rostro, aumentan al envejecer.

– No podemos consolarnos de ser engañados por nuestros enemigos y traicionados por nuestros amigos; pero a menudo nos satisface serlo por nosotros mismos.

– Tan fácil es engañarse a sí mismo sin darse cuenta como difícil engañar a los otros sin que se den cuenta.

– Tan acostumbrados estamos a disfrazarnos ante los demás que al final nos disfrazamos ante nosotros mismos.

– Si resistimos a nuestras pasiones, más es por su debilidad que por nuestra fuerza.

– Si nunca nos jactáramos, casi no tendríamos placeres.

Astucias y traiciones sólo provienen de falta de habilidad.

– El mejor medio de ser engañado consiste en creerse más listo que los demás.

– La debilidad es el único defecto que no se puede corregir.

– Es más fácil ser sensato con los otros que serlo consigo mismo.

– A veces se es tan diferente de sí mismo como de los demás.

– Se habla poco cuando la vanidad no hace hablar.

– Al igual que los grandes ingenios se caracterizan por dar a entender en pocas palabras muchas cosas, las personas de cortos alcances, por el contrario, tienen el don de hablar mucho sin decir nada.

– De ordinario, sólo se alaba para ser alabado.

– Pocos hay tan sabios que sepan preferir la censura que les es útil a la alabanza que les traiciona.

– Hay reproches que alaban, y alabanzas que denigran.

– El deseo de merecer las alabanzas que se nos tributan fortifican nuestra virtud, y las tributadas al ingenio, al valor y a la belleza contribuyen a aumentarlos.

– Más difícil es impedir que nos gobiernen que gobernar a otros.

– Hay unos que desagradan a pesar de su mérito, y otros que agradan a pesar de sus defectos.

– La gloria de los grandes hombres se debe medir siempre por los medios de que se han servido para adquirirla.

– La adulación es una moneda falsa a la que sólo da curso nuestra vanidad.

– No basta con tener grandes cualidades, hay que saber administrarlas.

– Más fácil es parecer digno de los cargos que no se tienen que de los que se ejercen.

– El mundo recompensa con mayor frecuencia las apariencias de mérito que el mérito mismo.

– Por engañosa que sea la esperanza, sirve al menos para conducirnos al final de la vida por un camino agradable.

– Siendo así que la pereza y la timidez nos anclan a nuestro deber, nuestra virtud se lleva con frecuencia todo el honor.

– Más vale emplear nuestro talento en soportar los infortunios que nos acaecen que en prever los que nos pueden ocurrir.

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