Sobre los Deberes – Cicerón

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   LIBRO I: La honestidad en nuestros actos

1- Lo que es propio del orador: hablar con propiedad, con claridad y con elegancia. (I,2)

2- Toda doctrina que quiere tratarse metódicamente debe arrancar de la definición, para que se entienda bien el objeto de la discusión. (I,7)

3- No es pequeño el privilegio de la naturaleza racional el hecho de que es el único ser animado que percibe lo que es el orden, lo conveniente y la medida en los hechos y en las palabras. (I,14)

4- Todo lo que es honesto surge de una de las cuatro virtudes cardinales. (…) Aunque estas cuatro virtudes están unidas de forma que una no puede existir sin la otra, sin embargo de cada una surge determinada especie de deberes. (I,15)

5- Como dice muy bien Platón, no nacemos únicamente para nosotros. (I,22)

6- El fundamento de la justicia es la fidelidad, es decir, la sinceridad de las promesas y de los convenios y su pura observancia. Según los estoicos, Fides se deriva de fit (“se cumple, se hace”). (Nota: La palabra fides procede de una raíz indoeuropea, “ligar”, “lo que liga a uno”). (I,23)

7- Hay dos tipos de injusticia: el primero, de quien injuria a otro, y el segundo, de aquellos que pudiendo no defienden a los injuriados. (I,23)

8- Las injurias que se infieren premeditadamente y con ánimo de perjudicar proceden muchas veces del miedo (…). Pero la mayor parte se ven impulsados a causar la injuria para conseguir algo que desearon. (I,24)

9- Lo que leemos en Ennio: “Para el que quiere dominar, no hay fidelidad ni vínculo sagrado alguno”, tiene un alcance inmenso.(I,26)

10- Los filósofos (…) consiguen un género de justicia, que consiste en causar daño a otro, pero pecan contra el otro género de justicia, pues, impedidos por el ansia de aprender, abandonan a aquellas personas a quienes tienen que amparar. Y piensan que no deben desempeñar cargos públicos más que forzados. Mejor sería que esto se cumpliera voluntariamente, porque lo que se hace con rectitud en tanto es justo en cuanto es voluntario. (I,28)

11- Es difícil preocuparse de las cosas ajenas. (I,30)

12- Cremes de Terencio “piensa que nada que sea propio de los hombres le es ajeno”. (I,30)

13- Tienen sobrada razón los que prohíben hacer algo cuando se duda si el hacerlo es justo o injusto, porque la equidad brilla por sí misma, y la duda es indicio de una intención injusta. (I,30)

14- Principios fundamentales de la justicia: lo primero, que no haga daño a nadie, y lo segundo, servir a la utilidad común. (I,31)

15- Con la mutación de las circunstancias cambia también el deber y no permanece el mismo. (I,31)

16- La extrema justicia es injusticia extrema. (“Summum ius, summa iniuria“). (I,33)

17- La venganza y el castigo tienen también sus límites, y quizás debamos satisfacernos con que el ofensor sienta pena de su acción. (I,34)

18- En las contiendas con los ciudadanos nos comportamos de diversa forma con un enemigo que con un competidor, porque con éste luchamos por el honor y la consideración y con el otro sobre la vida y la fama. (I,38)

19- En los juramentos hay que pensar  siempre cuál es la intención de lo prometido, no cómo suenan las palabras. (I,40)

20- No hay género de injusticia peor que la de quienes en el preciso momento en que están engañando simulan ser hombres de bien. (I,41)

Esta idea ya la había expresado Platón (Rep., 2, 361 a): “el extremo de la injusticia es parecer ser justo, no siéndolo”.

21- No hay deber más perentorio que el de corresponder a los beneficios. (I,47)

22- Hay dos modos de generosidad: el uno hace los favores; el otro corresponde. Hacer o no hacer el favor depende de nosotros; el no corresponder no es propio del hombre de bien. (I,48)

Hesiodo en Trabajos y días, v. 346-348: “Te es dado lo justo por el vecino, y tú a tu vez devuélvele igual medida e incluso mayor, si puedes”, para que si tú tienes necesidad de él, lo encuentres en el futuro pronto a socorrerte.

23- Tanto en conferir como en agradecer los beneficios, en igualdad de circunstancias el deber exige sobre todo auxiliar especialmente a quien más ayuda necesite. En lo cual la mayoría de los hombres proceden al revés, rinden sus servicios preferentemente a aquellos de quienes más esperan, aunque no tengan necesidad de ellos. (I,49)

24- Deben ser comunes todos los bienes que produjo la naturaleza para uso común de los hombres. (I,51)

Rija sobre estas cosas la orientación que marca el proverbio griego “que entre los amigos todo es común”.

25- Las cosas comunes son de este orden: no impedir a nadie que se aproveche del agua corriente; dejar que enciendan fuego de nuestro hogar si lo desean; dar buen consejo a quien lo necesite, cosas éstas útiles a quien las recibe, y no cuestan nada a quien las otorga. (I,52)

26- No hay cosa más amable ni que una más fuertemente que la semejanza de costumbres en los hombres de bien, porque cuando hay identidad de inclinaciones la hay también de voluntades. (I,56)

Pitágoras exige de la amistad “que de varias almas se forme una sola”.

Grande es también la unión que resulta del intercambio de favores, que mientras son mutuos y agradables intiman con sólidos vínculos a aquellos entre quienes se dan”.

27- La fortaleza es la virtud que lucha por la equidad. Nadie, por tanto, que haya conseguido fama de fuerte por medio de insidias ymalicia ha logrado verdaderamente alabanza; porque nada que no sea justo puede ser honesto. (I,62)

Platón dijo: “no solamente la ciencia que está alejada de la justicia debe llamarse astucia mejor que sabiduría, sino que también el ánimo preparado para el peligro, si va impulsado por su ambición y no por la utilidad común, debe llamarse audacia mejor que fortaleza”.

28- A quien se empeña en sobresalir le será difícil observar la equidad. (I,64)

29- La grandeza del alma verdadera y sabia juzga por la honestidad, está puesta en los hechos no en la fama, y prefiere no parecer la primera, sino serlo. Porque quien está pendiente de los caprichos de la multitud ignorante no puede ser contado entre los grandes hombres. (I,65)

30- Hay que evitar el amor desenfrenado de la gloria, porque priva de la independencia personal, que los hombres verdaderamente grandes deben esforzarse en conseguir a toda costa. (I,68)

31- Quien se entregue a la administración de los cargos públicos procure no considerar sólo la honra que ello supone, sino también si tiene capacidad de llevar a cabo esa empresa. (I,73)

32- Para todas las cosas antes de que puedan emprenderse hay que prepararse con toda diligencia. (I,73)

33- De poco sirven las armas fuera si no hay buen consejo dentro. (I,76)

34- Cedan las armas a la toga, retírese el laurel del militar ante la gloria del ciudadano. (I,77)

35- Al cuerpo hay que ejercitarlo y habituarlo a que obedezca a la reflexión y a la razón en el desempeño de las obligaciones y en la tolerancia a la fatiga. (I,79)

36- La sabiduría que logra resolver los conflictos por vía pacífica es más de apreciar que la misma valentía desplegada en la batalla; pero mucho cuidado con esto, no sea que se deje la guerra por evitar la lucha, más que por la consideración del bien común. (I,80)

37- Es propio de un buen ingenio prevenir con el pensamiento el futuro, determinar con anticipación qué puede suceder por una y otra parte, y lo que debe de hacerse en cada uno de los casos, y no comportarse de modo que nos expongamos a tener que decir alguna vez: “no lo había pensado”. (I,81)

38- Es propio del hombre grande en cualquier tumulto castigar a los cabecillas responsables, perdonar a la plebe. (I,82)

39- Encontrarás a muchos a quienes las resoluciones peligrosas y temerarias les parecen más espléndidas y más interesantes que las que se toman con mente reposada y tranquila. (I,82)

40- Muchos no se atreven a manifestar sus opiniones, aunque sean óptimas, temiendo incurrir en el odio de la gente. (I,84)

41- Los que hayan de gobernar el Estado deben tener siempre muy presentes estos dos preceptos de Catón: el primero defender los intereses de los ciudadanos de forma que cuanto hagan lo ordenen a ellos, olvidándose del propio provecho; el segundo, velar sobre todo el cuerpo de la República, no sea que, atendiendo a la protección de una parte, abandonen a las otras. (…) Los que se ocupan de una parte de los ciudadanos y no atienden a la otra introducen en la patria una gran calamidad: la sedición y la discordia, de donde resulta que unos se presentan como amigos del pueblo y otros como partidarios de la nobleza: muy pocos favorecen el bien de todos. (I,85)

42- No hay en absoluto cosa más desgraciada que la ambición y la lucha por conseguir los honores. (I,87)

Platón (Rep., 6, 488b y 489c): “imagínate a los marineros en discordia entre sí en el gobierno de la nave, mientras cada uno cree debe manejar el timón, sin haber aprendido el arte, ni tener un maestro que se lo haya enseñado”.

43- Toda la reprensión y el castigo deben aplicarse sin afrenta, no en satisfacción y ventaja de quien castiga, sino por la utilidad del Estado. (I,88)

Hay que procurar también que la pena no exceda a la culpa ni que por idéntico motivo uno sea castigado y otro ni siquiera apercibido. Que el castigo sobre todo sea sin ira, porque quien castiga airado difícilmente guardará la moderación entre lo poco y lo demasiado.

44- Tienen razón los que aconsejan que nos comportemos con mayor humildad cuanto más encumbrados nos veamos. (I,90)

(…) los hombres desenfrenados por los favores de la fortuna y demasiado confiados en sí mismos conviene que adviertan la inconsistencia de las cosas humanas y la inestabilidad de la fortuna.

45- Especialmente en la cumbre de la prosperidad hay que seguir más los consejos de los amigos, atribuyéndoles sobre nosotros más autoridad que nunca. (I,91)

46- La fortuna privada debe ser ante todo bien conseguida sin ganancia torpe ni odiosa; acreciéntese, en segundo lugar, con buen cálculo, con diligencia, pero sin ambición; que se preste, en tercer lugar, a ser útil a los más posibles, con tal que sean dignos; y, por fin, que se utilicen más para la liberalidad y beneficiencia que para los deleites y el lujo. Quien observe estas normas podrá pasar la vida con esplendidez, con dignidad, con valentía de alma, con sencillez, con lealtad, con verdadera estimación de los demás hombres. (I,92)

47- El decoro es el conjunto de todas las virtudes que hacen al hombre reservado, discreto, cortés, correcto, educado. (I,93)

48- El decoro mueve a la aprobación de las personas con quienes se vive por el orden, la coherencia y la templanza en todas las palabras y en todos los actos. (I,98)

49- Hay diferencia en las obligadas relaciones con los demás entre la justicia y la consideración: deber de la justicia es no hacer daño a los hombres; de la consideración, no causarles molestias. En esto se manifiesta especialmente la naturaleza del decoro. (I,99)

50- El deber que procede del decoro nos lleva ante todo a vivir en armonía con la naturaleza y a la observación de sus leyes. (I,100)

51- En todas nuestras obras hemos de evitar la temeridad y la negligencia, y no debe hacerse nada de lo que no pueda darse una razón aceptable. Ésta es casi la definición del deber. (I,102)

52- Hay algunos que son hombres de palabra, no de hecho. (I,105)

53- Algunos, aunque sean prepotentes, se esfuerzan en aparentar uno de tantos. (I,109)

54- Obrar en conformidad con nuestro carácter particular, de suerte que, aunque haya otros más dignos y mejores, midamos nuestras inclinaciones con la norma de nuestra condición, y no conviene resistir a la naturaleza ni perseguir lo que no se puede lograr. (I,110)

55- El decoro no es otra cosa que la uniformidad de toda la vida, y de cada uno de los actos, que no puede conservarse si, imitando la naturaleza de otros, se deja la propia. (I,111)

56- Convendrá examinar qué es lo que cada uno tiene como suyo, distinguirlo bien y no querer experimentar cómo le caen los caracteres ajenos, pues a cada uno le vienen las cosas tanto mejor cuanto son más exclusivamente suyas. (I,113)

57- Trabajaremos con especial ahínco en aquellas cosas para las que seamos más aptos. Si la necesidad nos obliga alguna vez a hacer algo extraño a nuestro natural, habrá que poner todo el cuidado, la meditación, la diligencia para que podamos hacerlo, si no con la perfección deseada, lo menos mal posible. Y no hay que esforzarse tanto en seguir los bienes que no se nos han dado, como en evitar los defectos de que adolecemos. (I,114)

58- Los reinos, los mandos militares, los varios grados de nobleza, los honores, las riquezas, las influencias y sus contrarios dependen del azar y son gobernados por las circunstancias; pero ser la persona que nosotros queremos ser, eso depende de nuestra voluntad. (I,115)

59- Aquellos cuyos padres o antepasados sobresalieron en algún género de gloria se afanan generalmente por honrarse también con la misma suerte de gloria. (…) Pero sucede con frecuencia que muchos, sin seguir el ejemplo de sus padres, se proponen alcanzar una meta propia; éstos son en su mayor parte los que, nacidos en una cuna humilde, aspiran a grandes cosas. (I,116)

60- Ante todo hemos de decidir quiénes y cómo queremos ser nosotros y en qué género de vida, que es la deliberación más difícil de todas. (I,117)

61- Hércules, al principio de su adolescencia, que es el tiempo dado por la naturaleza para elegir el camino que cada cual ha de seguir en la vida, se retiró a un despoblado y sentado allí bastante tiempo, dudó mucho en su interior de qué camino debía elegir mejor al presentársele dos sendas: una, la del placer, y otra, la de la virtud. (I,118)

62- (…) Para deliberar qué dirección de la vida sería mejor seguir, cada uno ha de tomar el partido que esté más en armonía con la propia naturaleza. (I,119)

63- De una forma especial en la ordenación de todo el curso de nuestra vida, hay que poner un cuidado mucho mayor en ser siempre coherentes con nosotros mismos en toda nuestra vida y no claudicar de ningún deber. (I,119)

64- Quien haya escogido un estado conforme a su naturaleza, prescindiendo de los defectos, sea constante en lo que ha elegido a no ser que advierta que se ha equivocado en la elección del rumbo de su vida. (I,120)

65- El cambio de costumbres y principios se hace fácil y cómodamente si ayudan las circunstancias, pero, si no, hay que ir haciéndolo despacio y con suavidad, como piensan los sabios de las amistades, que nos dan poca satisfacción o no nos gustan; hay que descoserlas poco a poco, no rasgarlas bruscamente. (I,121)

66- Es propio de los adolescentes mostrar veneración a los ancianos y escoger entre los mejores y más experimentados para apoyarse en su sabiduría y dirección, pues la inexperiencia de la adolescencia debe ser fundamentada y gobernada por la prudencia de los ancianos. (I,122)

67- Los ancianos, por su parte, deben disminuir los trabajos del cuerpo, para aumentar, si es posible, la laboriosidad de la mente, y esforzarse en ayudar cuanto puedan con la sensatez y la experiencia.(…) De nada deben los ancianos precaverse tanto como del desaliento y la inacción. (I,123)

68- El decoro se manifiesta incluso en el cuerpo y presenta tres cualidades: belleza, armonía y un ornato conveniente para la acción. En estos tres elementos se contiene también la preocupación por agradar a aquellos con quienes vivimos en casa y en la ciudad. (I,126)

69- Los movimientos del alma son de dos clases: los unos,del pensamiento, y los otros, del apetito. El pensamiento se aplica sobre todo a la investigación de la verdad; el apetito impulsa a la acción. (I,132)

70- La conversación familiar debe ser dulce y no obstinada; rezume gracia y que quien hable no excluya a los demás, como si hubiera entrado en una propiedad privativamente suya, sino como en las demás cosas, es conveniente tener en cuenta a los otros y dejarles también a ellos la parte que les corresponde. (I,134)

(…)Pongamos buen cuidado en que nuestros interlocutores adviertan que los respetamos y los queremos. (…) Aunque parezcamos airados, esté lejos de nosotros la ira, porque bajo su influjo nada puede hacerse con justicia ni con ponderación. (I,136)

(…) Es bueno también en los altercados con nuestros mayores enemigos, aunque nos hieren con injurias, que no merecemos, conservar la gravedad y no dejarse llevar por la ira. Porque lo que se hace bajo el dominio de alguna pasión excluye toda coherencia y no merece la aprobación de quienes lo presencian. (I,137)

71- Si queremos ser jueces sagaces y observadores de los vicios, con frecuencia por verdaderas pequeñeces podremos conocer los defectos graves de una persona. (I,146)

72- (…) no sé cómo sucede que siempre vemos mejor los defectos de los otros que en nosotros mismos. (I,146)

73- Y no estará fuera de propósito en la elección de las cosas que ofrezcan sus dudas consultar a personas doctas y experimentadas (…) Porque la mayor parte de las personas son llevadas a donde la la misma naturaleza las conduce. Y es necesario notar no solamente las palabras que dice cada uno, sino también sus verdaderos sentimientos e incluso las razones de estos sentimientos. (…) así nosotros deduciremos del criterio de los demás muchas cosas que debemos hacer u omitir, cambiar y corregir. (I,147)

74- De todas las cosas de las que se obtiene alguna ganancia no hay nada mejor, ni más provechoso, ni que proporcionemayor gozo, ni más digno del hombre libre que la agricultura. (I,151)

75- Son más convenientes a la naturaleza los deberes que fluyen de la sociabilidad que los del conocimiento. (I,153)

(…) El conocimiento y la contemplación de la naturaleza serían en cierto modo defectuosos e imperfectos si no fueran acompañados de alguna acción. (I,153)

(…) Por todo esto se entiende que a las ocupaciones de la ciencia hay que anteponer los deberes de la justicia, que pertenecen a la utilidad del género humano …(I,155)

76- El tener facilidad de expresarse, con tal que presida siempre la prudencia, es mejor que el pensar aunque sea agudísimamente sin la elocuencia, porque el pensamiento revierte sobre sí mismo, pero la elocuencia se dirige a todos con quienes vivimos unidos por los vínculos de la sociedad. (I,156)

77- Todos los deberes que sirven para unir y proteger a la sociedad humana deben preferirse a los que dependen del conocimiento y de la ciencia. (I,158)

78- En la selección de los deberes han de primar los que son el fundamento de la sociedad humana. Realmente al conocimiento y a la prudencia seguirá siempre una acción bien pensada; por lo cual el obrar con reflexión es preferible a pensar con prudencia. (I,160)

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